50007, ZaragozaCárcel de Torrero (Zaragoza)AudioGuía
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Descripción
Esta cárcel, prisión provincial, había sido inaugurada en 1928, en la dictadura de Primo de Rivera. Estaba diseñada para acoger a 200 personas reclusas, pero a partir de la sublevación fascista de Julio de 1936, fue el centro de detención de miles de personas que fueron consideradas enemigas del nuevo régimen, afines a la República, militantes de sindicatos o simpatizantes del frente popular. El franquismo utilizó la prisión de Torrero como un instrumento represivo más, añadido al terror impuesto por los asesinatos y fusilamientos ejecutados desde la misma noche en la que se produjo la sublevación contra la República. Los fusilamientos, y la cárcel, respondían al objetivo primordial de los golpìstas que fue desarticular cualquier reacción de trabajadores y trabajadoras y purgar toda posible desafección hacia el régimen que estaban imponiendo a sangre y fuego. La cárcel fue un espacio de purga, de clasificación y de represión que perseguía eliminar todo posible vestigio de resistencia al franquismo.
Los registros de la propia prisión dicen que en Septiembre de 1936 había cerca de 1500 personas recluídas, hombres y mujeres hasta que ellas fueron llevadas a la cárcel de Predicadores, que, en Abril de 1939, al acabar la guerra, el número de presos era de 3.977 y que unos meses después llegó a haber 4.740. En esta prisión, como en todas las que dirigió el franquismo, quienes en ella entraban quedaban a la espera de que se les abriera un expediente judicial o de que las sacaran de madrugada, les ataran las manos y los llevaran ante la tapia en la iban a ser fusilados/as.
La Cárcel de Torrero fue el lugar de paso de miles de personas que fueron ejecutadas en las tapias del Cementerio de Torrero, muy próximo a la cárcel. Eran "sacas" indiscriminadas y luego, una vez organizados los juzgados militares, eran asesinatos "legalizados" mediante consejos de guerra sumarísimos que no tenían las mínimas garantías procesales.
Un fraile capuchino, Gumersindo de Estella, dejó constancia escrita en sus memorias publicadas en 2003, con el título "Fusilados en Zaragoza, 1936-1939, tres años de asistencia espiritual a los reos", de los 1700 fusilamientos que presenció directamente. Según cuenta los hombres eran sacados de la cárcel, llevados en camioneta al lugar de fusilamiento, les ataban las manos, les ponían en fila mirando a la tapia y el pelotón los fusilaba. Luego un teniente disparaba dos tiros en la cabeza de cada fusilado por si no había muerto.
Durante la dictadura franquista, hasta que se cerró en 2001 al inaugurarse la nueva prisión de Zuera, la cárcel de Torrero siguió siendo un lugar utilizado para la represión posterior a la guerra. Por ella pasaron cientos de militantes de partidos políticos, maquis, activistas vecinales y sindicalistas. En la década de los 90 fue un escenario de lucha de los insumisos presos en ella. El caso más conocido fue el de Quique Mur, insumiso preso que murió en la celda.
En la actualidad tan solo queda la parte en la que estuvo la entrada pues el resto de la prisión fue demolido.