En la Plaza de los Maestros está un monolito de piedra que es el homenaje de Caspe a los 13 caspolinos que fueron deportados a campos de concentración nazis.
El monolito se inspira en una iniciativa ciudadana, conocida como “Piedras de la memoria”, que mediante la colocación de adoquines en determinados lugares, recuerda a los deportados españoles.
Los deportados caspolinos, como la gran mayoría de los más de 10.000 deportados españoles, eran militantes de organizaciones sociales, políticas y sindicales de izquierda. Se vieron obligados a huir, ya fuera solos o en compañía de sus familias, a causa del avance de las tropas franquistas y de la derrota final que sufrió el ejército republicano. Todos ellos cruzaron la frontera, llegaron a Francia y allí sufrieron el internamiento y las condiciones, de los campos que se habilitaron para los españoles.
Miles de ellos fueron integrados en las Compañías de Trabajores Extranjeros (CTE). La rápida victoria de Hitler, el colaboracionismo del Gobierno de Petain, unido al abandono y desprecio absoluto del régimen franquista, fue la causa de que miles de exiliados españoles fueran enviados a los campos de exterminio. Mauthausen, con el subcampo de Gusen, fue el lugar al que más españoles llegaron (era conocido como el campo de los españoles).
Al ser abandonados por el gobierno español se les distinguía con un triángulo que llevaba una S (spanier) pero que era azul, la marca destinada a los apátridas.
En el monolito están los nombres de los 13 deportados de Caspe: Manuel Ambros Giraldós, Antonio Beltrán Barberán, Francisco Centol Giraldós, Félix García Cirac, Vicente Ornaque, José Pina Catalán, Joaquín Vallés Peralta, Miguel Aranda Borraz, Antonio Cebrián Campos, Andrés Ezquerra Cebrián, Valero Gavín Costa, José Pascual Borruey e Ignacio Piquer Palacios.
Pasaron por diferentes campos, Mautahaussen, Gusen, Dachau,...
De todos ellos solo sobrevivieron cuatro. De los 9 restantes, 5 murieron en Gusen