Si pasas de Aragón a Francia, por el túnel del Somport, entras en los Pirineos Atlánticos y, al poco tiempo, llegas a Oloron-Sainte Marie. Un poco más adelante, a unos 15 Km, podrás ver una zona con robles. No es un bosque natural, son los árboles que a mitad del siglo pasado plantó la administración francesa para intentar tapar la vergüenza de un campo de concentración.

En ese bosque estuvo, y está aunque hayan intentado borrarlo, el campo de Gurs.

Se levantó, deprisa y corriendo, en 1939, apenas unos días después de que el fascismo que representaba Franco, diera por concluida la guerra que había propiciado con su golpe de estado contra República.

Contaban las autoridades francesas de aquellos tiempos que Gurs era un campo de “refugiados” para quienes, después de haber luchado contra Franco, habían sido derrotados, para quienes tuvieron que huir del régimen franquista por ser republicanos o republicanas, para quienes habían quedado sin futuro posible, para quienes sabían que serían perseguidos o perseguidas por sus ideas de libertad, por su compromiso con la democracia.

Después, cuando los nazis invadieron Francia, durante el gobierno colaboracionista de Vichy, Gurs sirvió, también, para encerrar y clasificar a comunistas, gitanos, malhechores, y judíos como estación intermedia camino de Auswitch.

Gurs era un lodazal en invierno, los barracones eran de sencillas tablas que no aguantaban la lluvia ni protegían del frío. El único calor era el que podían darse las personas hacinadas en su interior, mal alimentadas y peor vestidas.

En Gurs no había alambradas electrificadas, pero había alambradas que separaban, que rompían familias. No había torres desde las que ametrallar prisioneros/as, pero había guardias armados que continuamente controlaban a las miles de personas condenadas a vivir el hambre, la miseria, las ratas, las infecciones.

En Gurs no había cámaras de gas, la gente moría de hambre y de frío.

Por Gurs pasaron miles de personas, las cifras oficiales hablan de 63.929, de ellas más de 25.000 fueron españoles y españolas ( 5.000 aragoneses/as) y más de 6.000 brigadistas internacionales.

Eso es la historia, lo que deberíamos conocer, pero como todo lo que tiene que ver con la memoria democrática se intenta tapar, con bosques como en Gurs, con silencios como en este país.

Los robles disimulan, pero no callan la voz ni la conciencia. Gurs es una lección de la historia, es un ejemplo de lo que nunca debió pasar. Es un lugar que, además de recordar a quienes allí fueron internados/as, es un aldabonazo a nuestra memoria, nos hace ver el terror fascista, nos recuerda esa obligación moral, y democrática, que tenemos de no olvidar.

Sobre todo en estos tiempos en los que resurge el fascismo, tenemos el deber de recordar lo sucedido en Gurs, y en otros campos de concentración y exterminio.

Pero no acaba aquí nuestra obligación con la memoria de quienes allí sufrieron y murieron, debemos explicar lo sucedido, especialmente a las generaciones nuevas, para que conozcan el pasado y sepan lo que son el fascismo y las dictaduras. Para que sepan lo duro que fue plantar cara al fascismo y luchar por las libertades.

Por eso organizamos una visita al campo de Gurs para el día 23 de Mayo. La visita al campo es guiada (en castellano) y nos lo enseñan los/as compañeros y compañeras de TERRES DE MEMOIRE(S) ET DE LUTTES («Tierras de Memoria y de Luchas») que es una asociación memorialista de Olorón Sainte-Marie, formada por descendientes de exiliados/as republicanos (muchos de ellos/as pasaron por Gurs) con la que trabajamos por la recuperación de la memoria del exilio republicano.

Si quieres acompañarnos en este viaje a la memoria escríbenos a fundacion@14deabril.com