El 5 de Agosto de 1939, a los 4 meses de haber declarado el final de la Guerra de España, 53 jóvenes fueron asesinados/as en las tapias del cementerio madrileño. Fueron 13 mujeres y 43 hombres. Ellos y ellas eran jóvenes a los que el régimen impuesto por los rebeldes sublevados, les acusó de “adhesión a la rebelión” y les condenó a muerte.
El asesinato de estos y estas jóvenes es un ejemplo claro de lo que es un régimen totalitario y fascista que, sin ninguna garantía jurídica, con Consejos Militares, juzga, condena y asesina.
En este caso que hoy recordamos quienes se habían sublevado, con el apoyo de nazis y fascistas, contra el legítimo gobierno de la República, demostraban su cruel cinismo sentenciando a muerte a quienes no se habían sumado a su rebelión. Es algo que hicieron durante el golpe de estado y la guerra ya que eran asesinadas todas aquellas personas que no mostrasen adhesión inquebrantable al bando sublevado.
Diversos/as historiadores/as defienden que la condena a muerte de estas 56 personas fue un acto de venganza franquista por el atentado que, unos días antes del juicio, había costado la vida al comandante de la Guardia Civil Isaac Gabaldón, a su hija y a su chófer. Ninguno/a de ellos/as pudo hacerlo por cuanto hacía tiempo que estaban en la cárcel.
Aunque nunca llegó a conocerse la autoría del atentado, el régimen franquista lo consideró una provocación y decidió dar un castigo ejemplar. Por ello fueron asesinados/as 13 mujeres y 43 hombres. Todos y todas muy jóvenes, algunas ni siquiera habían llegado a la mayoría de edad.
El 87º aniversario de estos asesinatos coincide con los discursos de odio que, con la permisividad de la derecha, lanza la ultraderecha que elimina las Leyes de Memoria Democrática y trata de legitimar el silencio y el olvido mientras blanquea el franquismo.
Nuestra democracia está siendo puesta en cuestión por esos discursos de odio que rememoran el ideario fascista, que incitan a la violencia y que, como hemos visto con la retirada de la paga a menores migrantes, tienen como seña de identidad el racismo, la xenofobia, el machismo y el totalitarismo. Hoy, una vez más, denunciamos el revisionismo del Gobierno del Sr. Azcón que, entregado a VOX, mantiene ese vergonzoso plan de Concordia, que obvia el franquismo y sus crímenes, que reescribe la historia y que insulta a las víctimas de una dictadura asesina.
Por eso es fundamental recordar, y poner en valor, que estos/as 53 jóvenes fueron asesinados/as por su compromiso con la libertad y la democracia y por su militancia antifascista.
El día anterior a su fusilamiento, les permitieron escribir una última carta de despedida a sus seres queridos. La más conocida de todas ellas es la que escribió Julia Conesa a sus padres. La acabó pidiendo que «su nombre no se borrara de la historia».
No se ha borrado, ni se borrará nunca. Ni el de Julia, ni el de Pilar Bueno, nacida en Sos del Rey Católico, que era modista y se había afiliado al Partido Comunista al comenzar la guerra. Fue voluntaria en las casas cuna que recogían a huérfanos e hijos de milicianos que marchaban al frente.
No hemos dejado que sus nombres, ni los de todas aquellas otras personas que fueron asesinadas por el franquismo, se borren ni se olviden.
Hoy recordamos que, tras 48 años de democracia, el asesinato de estas/os 56 defensoras/es de la libertad y la democracia, como tantos y tantos otros, sigue esperando Justicia y Reparación.

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